Universidad de Chile
Ir al contenido
MENÚ
Ir al contenido

Medio Ambiente

Día internacional de los Animales y del Hábitat: Amenazas latentes que podemos revertir

Amenazas latentes a los animales y su hábitat que podemos revertir

Cerca de diez han sido los pumas que se han visto en la Región Metropolitana desde que comenzó la emergencia sanitaria en marzo de este año, la causa se atribuía al silencio de la ciudad, pero el desconfinamiento comenzó hace tiempo y los felinos siguen merodeando las calles; hecho que deja en evidencia que hay más razones para este desplazamiento como la sequía, falta de alimento y urbanización.

Publicado el lunes 05 de octubre de 2020

Compartir:

¿El animal merodea las casas o las casas ocuparon su hábitat natural? El desarrollo urbano, especialmente en la zona oriente de la capital, ha aumentado considerablemente en extensión, haciendo uso de espacios que antes eran parte de la ruralidad de la precordillera de la Región Metropolitana, a su vez, el silencio nocturno que se genera en la ciudad durante el toque de queda, también puede resultar atractivo para una especie exploradora como el Puma.

“No se sabe exactamente la razón de este aumento de la presencia de pumas en la Región Metropolitana, pero puede ser un conjunto de factores como la menor movilización de personas en la noche, la posible disminución de sus presas debido a los varios años que llevamos de sequía, lo cual puede afectar a las presas, por ejemplo, por menor disponibilidad de vegetación, ya que son generalmente herbívoros”, explicó el profesor André Rubio, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet), destacando que en la Zona Central cada vez más se destruye hábitat natural, por lo que inevitablemente hace que nos acerquemos a la fauna silvestre local.

El profesor Benito González, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza (CFCN), también apunta a que hay diversas hipótesis, algunas incluso históricas “se podrían mencionar el avance de la línea urbana hacia zonas naturales y quizás la megasequía, debiendo explorar más en los mecanismos para relacionarlo con la expansión de los movimientos hacia la ciudad. Por el lado de las hipótesis sobre eventos más recientes podría mencionarse la trófica, donde habría disminuido la oferta de su presa base que son liebres y conejos en la precordillera y cordillera, y también un invierno inusual, que, combinado con nieve, también podrían haber afectado la oferta de alimento en algunos momentos”.

“Los animales habitan en territorios delimitados donde pueden alimentarse, reproducirse y sobrevivir en esa área. Muchas especies son altamente territoriales, por lo que salir de su territorio puede implicar una mayor competencia con individuos de su misma especie y otras especies”, especificó el profesor Rubio.

Hábitat, una vida en equilibrio

Al conmemorar el Día Internacional de los Animales, y a su vez, el Día Internacional del Hábitat, cabe preguntarse qué sucede dentro de los territorios que representan el hogar para un grupo de seres vivos en un delicado balance, donde cada elemento interactúa representando una función vital para el ecosistema y brindando seguridad a las especies que lo habitan.

“Un hábitat es el área donde pueden vivir ciertos animales, plantas u otros organismos. A esos organismos el hábitat les provee de alimentos, agua, refugio y espacio. Los hábitats están compuestos por elementos bióticos, organismos vivos, y abióticos que son elementos no vivientes, como la tierra, el agua, luz solar, entre otros”, explicó el profesor Rubio.

De acuerdo con el profesor Fernando Santibáñez, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas (FCA), los seres humanos mantenemos una baja percepción sobre la importancia de la protección de los hábitats que sustentan al resto de seres vivos, lo que representa una de las principales amenazas a estos territorios. “El acentuado "antropocentrismo" instalado en la sociedad no nos permite ver cuánto dependemos de la salud global del ambiente. Lo que no se entiende no se respeta”, afirmó categórico.

“Un hábitat se degrada cuando los componentes comienzan a desaparecer. Cuando el alimento o el agua escasean, el espacio se reduce, la seguridad disminuye o desaparecen otras especies con las que una de ellas interactúa. Estas disfunciones comienzan a afectar el bienestar, la alimentación, la reproducción, lo que genera niveles de estrés cuya acumulación marca el inicio de la desaparición de una especie. A ese punto depende un ser vivo de su hábitat”, recalcó el profesor Santibáñez.

Podemos ver, entonces, que la dependencia del animal con su hábitat es fundamental para su supervivencia y para mantener el equilibrio en el ecosistema.

“Si entendemos el hábitat como el área donde existe un conjunto de recursos - comida, agua, refugio - y condiciones ambientales - clima, depredadores, competidores - que permite la ocurrencia de una especie y permite su sobrevivencia y reproducción, es fácil comprender los impactos de la deforestación, crecimiento urbano y cambio de uso de suelo. Entonces habrá especies que se verán beneficiadas, mientras que otras serían perjudicadas. Acá es relevante saber si la especie que se verá perjudicada es flexible ante estos cambios para su permanencia, o simplemente será desplazada de esas áreas”, precisó el profesor González.

En efecto, el profesor Rubio explica que las especies tienen diferente resistencia a estas disrupciones. “Depende mucho de la especie animal. Algunas especies son sumamente vulnerables a la alteración de su hábitat y no se pueden adaptar a estas modificaciones. Se les llama especialistas de hábitat. Hay otras especies consideradas generalistas de hábitat que se adaptan muy bien a ciertas alteraciones en sus hábitats o a nuevos hábitats generados por los humanos. En el caso de los mamíferos, las especies especialistas de hábitat tienden a ser de gran tamaño, por ejemplo, grandes herbívoros o carnívoros; y las especies generalistas de hábitat tienden a ser especies de pequeño tamaño, por ejemplo, pequeños roedores”. 

Amenazas al ecosistema afectan a los animales y su hábitat

El profesor Santibáñez destaca lo delicada que es la red de interacciones entre los seres vivos en un ecosistema, que ha logrado un equilibrio con el paso de cientos de miles de años, y la precariedad de su fragilidad. “Lo que necesitamos es identificar cuáles son las piezas de esta organización que no podemos alterar porque son parte de la estructura que sostiene a todo el sistema”, advirtió.

Hay muchas amenazas permanentes al ecosistema que diariamente ponen a prueba su resistencia. El profesor Rubio enumera varias: la contaminación ambiental, del suelo, agua, aire; contaminación atmosférica por gases de combustibles fósiles, uso de plaguicidas; especies invasoras que pueden impactar negativamente a la fauna y o flora local, como el caso del castor en Tierra del Fuego; sobreexplotación de los recursos naturales, tala y caza excesiva; cambio climático; y degradación y modificación de los hábitats, fragmentación y pérdida de hábitats.

“Cualquier amenaza a esta intrincada red de relaciones la afecta directa o indirectamente. Por ejemplo, si la vegetación es alterada, como son ellos los productores que convierten la energía solar y dióxido de carbono en estructuras, se afecta directamente a los consumidores, herbívoros e indirectamente a quienes a su vez depende de ella, depredadores. También se afectan las funciones que desempeñan los ecosistemas a escala más amplia, como reguladores de los cursos de agua, del clima local, producción de oxígeno, reciclaje de nutrientes, entre otros muchos más”, agregó el profesor González, reconociendo el aporte que hacen los ecosistemas en ambientes urbanos, como los cerros islas, los parques y plazas, que sustentan especies nativas y permiten acercar a las personas a la naturaleza para su disfrute, conocimiento y recreación. 

Para el profesor Santíbáñez, “el agua juega el papel más importante en todo ecosistema. Las plantas son seres acuáticos que viven en tierra, luego necesitan mantener una corriente transpiratoria elevada que les permite refrigerarse y enfrentar a la radiación solar sin quemarse. Una sequía representa para las plantas un bloqueo a esta función tan vital, lo primero es que dejan de crecer, luego dejan de reproducirse, finalmente comienzan a presentar daños metabólicos que conducen a la perdida de hojas, quemaduras y degradación de la clorofila, todo lo cual puede terminar con la muerte de la planta. Obviamente que los herbívoros perciben esto como una falta de alimento y se ven forzados a buscar nuevas fuentes de alimentos las que a veces no están, lo que gatilla la mortalidad masiva de animales”.

La falta de alimento se desarrolla en una cadena de carencias que afecta finalmente a los grandes depredadores, configurándose la vegetación como una importante base de toda cadena trófica, entregando alimento y refugio para el desarrollo de la vida animal, directa e indirectamente. “Comenzando con los herbívoros y omnívoros, desde insectos hasta aves y mamíferos, quienes consumen sus hojas, flores, frutos, etc.”, señaló el profesor González.

A su vez, añadió el académico de CFCN, “ofrece refugio ante las inclemencias del clima y escondite a depredadores, y además ofrece sitios de reproducción para diferentes especies. Casos conocidos son los agujeros en árboles que son utilizados por aves nidificantes y micromamíferos. La vegetación muerta también es fuente de alimento y refugio para diferentes especies”. Las consecuencias de la sequía, según el experto, “se verán a corto, mediano y largo plazo, donde podría haber un reemplazo de especies en el tiempo, reduciéndose aquellas que habitaban la vegetación afectada”.

Desafíos para la protección de los Animales y sus Hábitats

“El mayor desafío es conseguir un aumento en la conciencia de la necesidad de que el desarrollo no pase por encima de las reglas de la naturaleza. Hay que reconocer que una naturaleza saludable es parte intrínseca del bienestar humano, luego no puede haber desarrollo si este se hace a expensas del medio ambiente mundial”, afirmó el profesor Santibáñez, destacando que se debe dejar de percibir el concepto de desarrollo como sinónimo de crecimiento económico y que debiese medirse a través de indicadores de bienestar humano, siendo la economía solo una parte, a veces menor. 

Por su parte, el profesor Rubio recomienda que “debemos disminuir el impacto y las perturbaciones en los ecosistemas y la biodiversidad. En ese sentido, debemos avanzar hacia una institucionalidad ambiental más robusta, que es lo que se está intentando acá en Chile con el Proyecto de Ley del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas que actualmente se está legislando”.

“Para la conservación se pueden implementar nuevas áreas protegidas públicas y privadas, avanzar hacia una producción silvoagropecuaria más sustentable y amigable con la biodiversidad y por supuesto, realizar investigación que ayude a la toma de decisiones en temas de conservación”, agregó el académico de Favet, relevando el desafío de educar sobre temas ambientales, para involucrar a la ciudadanía, permitiéndole conocer y tomar conciencia de la importancia de la biodiversidad y los ecosistemas para la salud del planeta.

Para concluir, el profesor González planteó que “hablar de conservación de hábitat es complejo porque estaríamos hablando de los requerimientos de recursos y condiciones ambientales para especies específicas, conocimiento que estamos lejos de conocer. Una salida a este desafío es abordarlo a nivel de ambientes o ecosistemas, ya que esta escala reúne o incluye una serie de hábitat para diferentes especies. Esto hace que se puedan explorar acciones como la planificación territorial donde es posible combinar intereses de conservación y de actividades humanas”.

Compartir:
http://uchile.cl/g169266
Copiar